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14 octubre, 2012

Esto, precisamente esto, es lo que hay.

Quimeras burlonas, calaveras atónitas, animales parlantes que no encuentran la chuleta donde apuntaron la moraleja del cuento y solo pueden ya manifestar su perplejidad cuando la cigarra le retira la tarjeta sanitaria a la hormiga para cumplir con los objetivos de déficit.

¿Quién lo hubiera dicho?

Confiéselo, usted pensó lo mismo que todos, ¿para qué negarlo? Cuando nos dijeron que Fritz iba a hacer humor de actualidad en La voz de Cádiz, nada menos que Fritz, el minucioso cartógrafo de la Tierra Incierta, el explorador intrépido de su propia fantasía que hasta entonces siempre había viajado allá donde la imaginación quisiera llevarle, sacudimos suavemente la cabeza con una sonrisa triste y, parapetados en nuestro sillón, nos tapamos los ojos dejando una rendija entre corazón y anular para ver cómo se estrellaba contra la realidad.

Y allá fue, dejando atrás la Tierra Incierta y su mapa siempre inconcluso, para adentrarse en el reino de los concejales de urbanismo, con sus sueños pulcramente recogidos debajo del brazo, como el niño que lleva orgulloso su mochila nueva el primer día de colegio sin saber que en una esquina del patio le espera el matón que la tirará a un charco y la pisoteará con saña, y le romperá sus lápices de colores uno por uno.

Sí, creímos que se lo iban a comer vivo.

De hecho, deberíamos haberlo sabido. ¿Acaso no habíamos visto a Fritz en acción? Ante las exigencias de los editores que le pedían hechiceros, bárbaros y trolls, siquiera un triste unicornio que echarse a la boca, una fantasía más normal, unos sueños más fácilmente empaquetables y vendibles, Fritz jamás comprometió su trabajo y se obstinó en mostrar, allá donde le dejaran, ya fuera en Atenas o en Cádiz, los sueños que solo él estaba soñando, y que precisamente por eso eran los que necesitábamos soñar.

Igualmente, cuando le ha tocado enfrentarse con la inclemente actualidad, ha puesto el mismo empeño concienzudo en recopilar su bestiario de lo real sin dejarse fuera un detalle, un canino en la sonrisa del candidato antropófago, una pluma de buitre en las alas del burócrata angelical.

Desde su periplo por la realidad, Fritz nos envía certeras postales de todo cuanto ve y que quizá nuestros ojos, legañosos tras el precario duermevela sin sueños de cada noche, apenas vislumbran. Enfocando siempre desde la izquierda, pero ajeno a toda ortodoxia ideológica. Tan fiel a su imaginación como a su raciocinio.

Esto, precisamente esto, es lo que hay.

¿Quién lo hubiera dicho?

Álex Romero
Guionista de historietas
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